• open panel

Cuidado Personal

 

Los ojos pueden ser el medio por el cual se siembra el pecado en nuestros corazones.

Versículo: Job 31:1

¡Qué interesante la frase que utiliza Job para describir su deseo de no pecar con los ojos! Nos permite entender que el patriarca tomó, en algún momento de su vida, una decisión consiente de guardar sus ojos para que no fueran instrumentos de iniquidad. A pesar de que él vivió en una época desprovista de la contaminación visual que, literalmente, abruma nuestros ojos en estos días, igualmente sentía el peligro de reposar la vista en aquello que no le convenía. Estamos rodeados por imágenes seductoras que apelan a deseos profundos que ofenden a Dios. Si sabemos que el pecado realmente es una condición que afecta nuestros espíritus, pareciera innecesario disciplinar los ojos para que no nos lleven por el camino del mal. Job, sin embargo, sabía que los ojos eran las ventanas por las cuales podían entrar aquellas imágenes que afectarían la condición de su propio corazón. De hecho, si consideramos por un instante la manera en que se mueve el ser humano entenderemos cuán vital es la función de los ojos. Si nos acercamos a alguna librería que vende revistas podremos observar con cuanto cuidado han sido elaboradas las tapas de cada publicación. En realidad, la tapa es uno de los elementos decisivos en la venta de la revista. Del mismo modo podemos detenernos a pensar en el esfuerzo que se invierte en lograr diseños atractivos en autos, electrodomésticos o folletos de turismo. Todo esto apela al profundo aprecio que tiene el ser humano por la belleza.

Estamos rodeados por imágenes seductoras que apelan a deseos profundos que ofenden a Dios. El salmista se lamentaba por la condición de los impíos, de los cuales observaba: «Los ojos se les saltan de gordura; logran con creces los antojos del corazón.» (Sal 73.7) Es decir, echan mano de todo aquello que codician sus ojos, sin medir las consecuencias de sus actos. La Biblia nos invita a disciplinar nuestra vista para que podamos usarla dentro de los parámetros que Dios ha establecido para una vida de pureza. David pide al Señor: «Aparta mis ojos para que no se fijen en cosas vanas; avívame en tu camino.» (Sal 119.37) Del mismo modo el autor de Proverbios anima: «Que tus ojos miren lo recto y que tus párpados se abran a lo que tienes delante.» (Pr 4.25) En el Nuevo Testamento el apóstol Juan identifica al deseo de los ojos como uno de los grandes peligros que enfrenta al hijo de Dios. «No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo» advierte. «Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él, porque nada de lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida,  proviene del Padre, sino del mundo.»

Por Jose Felix Coronel
 

Deje su comentario

© 2012 Movilización