Elio

 
 

 

Los sueños de Dios, mis sueños.


Éxodo 19:7-8

 

 

Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado. Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo.

Introducción

Estoy como niña con Juguete Nuevo, siempre he sido una persona muy creída, no me malinterpreten, desde el primer día que escuche de ese Dios poderoso hasta el dia de hoy nunca he dejado de creer en él y a él.

Utilizo la palabra del Apóstol Pablo que menciono a los Corintios, De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; Durante estos años he caminado como viendo al invisible, mi vida cristiana ha sido de grandes aventuras, muchas veces he llorado, pero han sido más risas que llantos.

Creo con toda certeza que este 2012 ha sido un año de entrenamiento, una año de preparación, donde hemos sido ubicados para gobernar, hemos tenido seminarios, visitas de hombres y mujeres ungidas, dando palabra profética, señalando el camino que como Iglesia debemos transitar, pero esta última visita fue como un sello, una confirmación de todo lo que Dios nos había hablado, a muchos en la intimidad a otros por medio de su palabra, pero aquí está la voluntad de Dios para Monte Alto.

2012 hemos dado el 100 % de nuestro tiempo y esfuerzo, pero el 2013 Dios nos demanda que demos la milla extra, quiero decir 101 % de todo nuestros recursos, humanos y porque no decirlo económicos, de mi parte ni me escatimare para cumplir el sueño de Dios que ahora son mis sueños.

Reflexión:

¿Qué equivale al 100% en la vida?? Aquí hay una pequeña fórmula matemática que puede ayudar a responder estas preguntas:

Si:

A B C D E F G H I J K L M?N O P Q R S T U V W X Y Z

Es representado como:

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13?14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26

Entonces:

H-A-R-D-W-O-R-K (TRABAJO DURO)

8+1+18+4+23+15+18+11 = 98%

Y:

K-N-O-W-L-E-D-G-E (Conocimiento)

11+14+15+23+12+5+4+7+5 = 96%

Pero:

A-T-T-I-T-U-D-E (Actitud)

1+20+20+9+20+21+4+5 = 100%

LUEGO, mira lo lejos que el amor a DIOS puede llevarte:

L-O-V-E-O-F-G-O-D (Amor de Dios)

12+15+22+5+15+6+7+15+4 = 101%

Así pues, uno puede concluir con seguridad matemática que:

Mientras que el Trabajo Duro y el Conocimiento te acercan, y la Actitud te lleva a la perfección, es el Amor a Dios lo que te pone más allá de los límites.

I. Daremos Todo Sin Reservas y sin Condiciones

Santiago 4.17

El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado.

Mucho énfasis se ha hecho, dentro del ámbito de la iglesia, en el cuidado que debe tener el discípulo de no cometer pecados. El concepto que se maneja es el de evitar comportamientos y actividades que la Biblia específicamente cataloga de pecaminosas. De esta manera, entonces, el hijo de Dios busca no participar de nada que pueda dañar su relación con el Señor, tal como la mentira, el engaño, el soborno o las relaciones ilícitas que puedan hundirlo en su vida espiritual.

Evitar estos pecados podría llevarnos a una falsa sensación de seguridad, al no encontrar en nuestra vida ninguna de las manifestaciones más visibles de la maldad. El apóstol Santiago, sin embargo, lleva el concepto de entrega a un plano más profundo. Nos está diciendo que para vivir una vida aceptable delante del Padre no alcanza únicamente con evitar el mal, aunque esto sea una parte importante de nuestro compromiso. Para vivir la vida espiritual en toda su dimensión debemos, además, estar dispuestos a involucrarnos con aquello que sabemos es bueno. Es decir, nuestra vida no puede ser vivida solamente en el plano de las reacciones, sino que el Señor nos llama también a ser personas de iniciativa, que deliberadamente buscan cultivar el bien

.

Entender esta verdad puede librarnos de una vida de comodidad, donde nuestra principal actividad simplemente consiste en no transitar por el camino errado. El Señor, sin embargo, nos llama a estar activamente involucrados en promover el bien y extender el reino. Quiere decir que nuestra fe nos obliga a imitar el compromiso de nuestro Padre que, viendo nuestra condición perdida, tomó la decisión de hacer algo al respecto. Del mismo modo nosotros, al ver a nuestro alrededor personas atrapadas en el pecado y la maldad, debemos hacer a un lado nuestros propios intereses, para trabajar activamente en buscar el bien del prójimo.

Santiago desea que entendamos que no hacer lo bueno es tan condenable como hacer lo malo. Examinemos por un momento, por ejemplo, la parábola del buen samaritano. Para muchos de nosotros la actitud del sacerdote y el levita, que pasaron al lado del hombre herido, fue de negligencia. A la luz del principio que expone Santiago, sin embargo, la falta de compromiso fue un pecado, porque sabían lo que debían hacer pero no quisieron comprometerse con la acción indicada.

Esto tiene serias implicaciones para los que somos parte de la iglesia del Señor. La iglesia debe ser, siempre, una fuerza activa y visible en la sociedad donde nos encontramos.

Logra esta posición cuando está dispuesta a tomar la iniciativa de ocuparse de aquellas cosas que sabe son buenas. Dios nos llama a nosotros, sus líderes, a que estemos constantemente animando a los miembros de nuestra congregación a que ocupen su lugar dentro de los proyectos de Dios, con sus vecinos, sus compañeros de trabajo, sus amigos y todos aquellos que él coloca en nuestro camino a diario.

II. No aceptes el no

Nos levantaremos para Creer, luchar y esforzarnos por alcanzar las promesas de Dios para nuestras vidas.

Necesitamos renovar nuestra fe, así como renovamos las fuerzas. No hay duda que tenemos fe, cada uno tiene su medida personal, la cuestión es saber si tenemos el suficiente amor para activarla, porque muchas veces, el miedo nos detiene.

Gracias a Dios, mi trabajo no depende de vencer ese temor, pero sí debo concentrarme en vencer los temores que podrían impedirme emprender los retos que Dios pone en mis manos. Lo mismo sucede en todas las áreas. Eso es lo que identifica a los campeones: enfrentar y vencer sus temores para lograr aquello en lo que creen.

Luego de años en el desierto, cuando se levantó una generación que finalmente conquistaría la Tierra Prometida, Dios le pidió a Josué que fuera valiente y se esforzara. No le dijo que creyera porque era evidente que tenía fe. ¡El pueblo de Israel creía en la promesa del Señor desde el tiempo de Abraham! Pero no habían podido entrar en esa tierra porque les faltaba el valor para luchar por ella. Pero finalmente Josué tuvo la fe con pantalones para lograrlo.

La fe necesita valor. Sé valiente, tienes fe, ¡ahora necesitas el coraje para realizar tu hazaña! No permitas que tus sentimientos de temor sigan dominando y traicionando tu fe. Además, nuestra fe debe crecer. La fe con la que le declaras amor a tu novia, no es la misma que te ayuda a superar 10 o 15 años de matrimonio. Debemos estrenar una fe nueva cada vez que emprendemos un reto.

A veces, cometemos el error de tener fe para salir de las dificultades, pero no para avanzar y alcanzar nuevas alturas. Por ejemplo, cuando nos diagnostican una enfermedad grave, demostramos gran confianza en que Dios puede sanarnos, pero si gozamos de buena salud, no ejercemos fe para pedir al Señor que nuestro cuerpo se desarrolle con más vitalidad y energía. No caigamos en el error de creer que la fe solamente es buena para sacarnos del pozo, porque también es efectiva para llevarnos a la cumbre. Levanta el nivel de tu fe porque la estás utilizando como un salvavidas, no como tu arma más poderosa en la vida. La fe que el Señor nos ha dado es para salir del desierto, pero también para conquistar la tierra.

III. Sirviendo para siempre

Muchos piensan que los mejores años de su vida ya paso, otros piensan que lo están viviendo, pero saben que los mejores años son los que viviemos para Dios y eso me da las fuerzas para hacer lo que tengo que hacer por eso exhorto a que Trabajen para el Señor desde tu juventud y verás Sus maravillas.

Las personas de edad avanzada nos llevan ventaja porque ya fueron jóvenes, pero no podemos garantizar que los jóvenes lleguen a viejos. Así que envejecer es un privilegio, especialmente si hemos servido al Señor

.

Las cosas evolucionan con el tiempo, y el cambio en la pasión por nuestro Dios debe reflejarse en más compromiso, nunca en menos, porque Él siempre ha estado para nosotros, Su gracia nos levanta cuando pecamos y no se cansa de hacerlo, así que no hay razón para que nosotros digamos que nos cansamos de servirlo. Él ha salvado tu vida, a tu familia y tu economía, así que tu pasión por servirlo debe renovarse cada día, sin importar cuántos años tengas o hace cuánto que estás a Su lado.

Muchos piensan que los años que llevan metidos en una Iglesia los hace tener privilegios y tener experiencias, eso para Dios y para mí solo es religiosidad, los años de mi vida cristiana se ve reflejada en mi pasión por servir a Dios, y si no lo hago es porque ya no tengo pasión y si eso me pasará me preocuparía porque eso significaría que ya estoy divorciada de Dios.

Con el paso de los años, siendo jóvenes o viejos, vemos muchas cosas, pero nunca que Dios desampare a un justo. ¡No te sientas desamparado porque el Señor es tu amparo siempre! Si eres de quienes se quejan porque están solos, si sientes que hasta la pulga del perro te ha abandonado, reflexiona, quizá eres tú quien ha provocado esto con tu conducta, porque el justo nunca estará solo, siempre estará con el Señor. Camina con justicia y verás que nunca estarás solo, porque Dios jamás desampara a un justo.

Además, el Señor promete que la simiente del justo no mendigará pan. La palabra “simiente” viene de la palabra semilla y significa: “los cosechadores de lo que se sembró”. Entonces, la Escritura nos está diciendo que tus generaciones futuras recogerán lo que has sembrado. Así que no lo dudes, siembra para el Señor, dedícate a ser justo para que tus cosechadores reciban incluso más bendición que tú.

Juntos sembremos nuestras vidas en la visión que Dios nos ha dado, porque nuestros hijos cosecharan, recuerda que unos plantan otros riegan pero el crecimiento lo da Dios.

Dios quiere enseñarnos desde nuestra juventud y permitírselo hará que veamos Sus maravillas. Pidámosle que nos de fuerzas para anunciar Su poder a todos, incluso durante la vejez. El Salmo 71:17 es claro en decir: “desde mi juventud” me enseñaste, lo que significa que el aprendizaje y servicio deben iniciar cuando somos jóvenes y extenderse durante toda la vida. No significa que debemos aprender y servirle solamente en la juventud, sino que a partir de esa época.

Hay quienes sirven a Dios cuando son jóvenes y están solteros, mientras consiguen pareja, luego al casarse, abandonan el servicio. No le dediques tiempo al Señor solo por temporadas, sino durante toda tu vida.

Jesús escogió a Sus doce discípulos para que trabajaran a Su lado, y que continuaran haciéndolo, incluso cuando Él ya no estuviera. El servicio en Su obra te santifica porque te ayuda a desarrollar una actitud correcta, paciencia y compromiso. Todos cometemos errores, no conozco a nadie que no le haya fallado al Señor, pero en ese momento, debes acercarte a Él y decirle: “Perdóname, sé que he fallado, pero no te dejaré de servir por nada”.

La Palabra dice que quien prueba el vino añejo, jamás querrá probar el nuevo. Esto significa que la experiencia que dan los años nos agrega valor. Esto también se aplica al servicio en la obra de Dios, donde no hay fecha de retiro, ya que debemos estar listos para predicar y hacer Su voluntad hasta que haya vida en nosotros.

Tal como el Salmo 71: 18 lo dice, debemos pedir amparo al Señor, pero no para que nos provea para nuestras necesidades, ya que eso es seguro, sino porque tenemos mucho que hacer, anunciando Su poder. Es decir que cuando le pedimos amparo, Él nos regala Su unción para que la anunciemos y ofrezcamos bendición a otros. Conviértete en un obrero de Dios y Él se manifestará en tu vida.

Nuestro cuerpo se desgasta y envejece, pero nuestro interior se renueva todos los días cuando vivimos para Dios. Esfuérzate, no permitas que el cansancio te derrote. Cuando actuamos con la actitud correcta, Dios compensa nuestro desgaste y nos renueva para continuar. Sin importar la edad que tengas, los mejores años de tu vida para servirlo no han pasado, Él te ha entrenado y te activará para trabajar en Su ministerio.

Nuestro cuerpo se agotará sin importar lo que decidamos hacer, así que lo mejor es que se desgaste sirviendo al Señor. Si nos agotamos, que sea liberando y sanando a las personas. Jesús dijo que quien pone la mano en el arado y vuelve la vista no es digno de ser Su discípulo. Él es exigente, nos pide la vida misma y merece que se la demos, porque no hay nada más glorioso que vivir y morir por nuestro Señor. Síguelo y obedécele porque Él es quien manda.

No hay excusa válida para dejar de servir a Dios. Si lo habías abandonado y quieres volver, no sientas vergüenza porque Él te recibe con los brazos abiertos. Ponte a cuentas con el Señor y sírvele. Dale gracias porque te ha llamado, renueva tu compromiso con Sus hijos, deja el pasado atrás y extiéndete, con pasión y entusiasmo, a lo que está por delante.

IV. No menosprecies La visión que Dios nos ha dado

Demuestra buena actitud ante las dificultades porque tu destino es de bien, aunque el proceso sea difícil.

La Palabra nos habla de David cuando aún no era rey de Israel y huyó a una cueva donde se convirtió en jefe de un grupo de perseguidos, endeudados y amargados. ¡Imagina qué maravilloso panorama para un hombre a quien se le había profetizado gobernar un reino! Ante esa circunstancia poco alentadora, David pudo desmotivarse y renegar diciendo: ¡Esto no es un castillo y estas personas no son el séquito que esperaba! Sin embargo, no lo hizo porque la promesa era que sustituiría a Saúl y puso su mirada en ese objetivo dado por Dios, sin importar lo que sus ojos veían en ese momento. Muchas veces nos sucede igual cuando nos sentimos como en una cueva oscura pero debemos sobreponernos y confiar en Dios.

La historia del nacimiento de Jesús nos muestra otra situación adversa que no fue un límite porque la promesa era más grande que la realidad de ese momento. Ahora no hablamos de un rey terrenal como David, sino del Rey Celestial quien tuvo que superar circunstancias adversas desde su nacimiento en un pesebre. Fue difícil, pero ese no era el destino para Jesús, sin embargo, debió afrontarlo. Si Él fue capaz de hacerlo, ¿por qué nosotros a veces nos quejamos tanto cuando debemos enfrentar adversidades?

No había una cuna de oro esperando a Jesús y tampoco había un trono esperando a David, pero ambos estaban convencidos de que esas circunstancias adversas eran pasajeras ya que el objetivo principal era glorioso.

No hagas de tu principio el final anticipado, no seas fatalista, aprende a diferenciar el camino del destino y aprécialo para que te ayude a formar el carácter de un vencedor.

Las dificultades son inevitables y debemos superarlas. Jesús nació en un pesebre, pero no se quedó allí. Tú debes decir convencido: “No me quedaré en la circunstancia difícil, Dios me sacará de esto si demuestro que tengo buena actitud”. Afronta las dificultades con optimismo y fe. Hacerlo forma tu carácter para que disfrutes de la bendición en el momento que la recibas.

Nuestras metas y las promesas del Señor deben estar por encima de lo negativo que podamos vivir en este momento, no nos distraeremos, nos concentraremos en lo bueno para que lo malo pase rápido.

Lo importante no es dónde nacimos sino lo que hacemos con nuestra vida y lo que logramos antes de morir. Algunos dicen: “Yo no pedí nacer, ¿por qué nací?” ¡No reniegues más! Estás vivo y debes hacer algo bueno con ese regalo que Dios te dio. Deja de blasfemar porque sufriste la pérdida de un ser querido, porque has sido víctima de la violencia, te han robado o mentido. Aprendamos a superar la adversidad con la actitud correcta, convencidos de que estamos pasando por el pesebre para llegar al trono.

Si quieres que la gracias de Dios te acompañe debes crecer, fortalecer tu espíritu y tu cuerpo, tal como Jesús lo hizo en el desierto, donde ayunó y superó la tentación. Ese fue otro paso más en el proceso, pero tampoco era su destino.

Luego, Jesús tuvo que afrontar una nueva situación difícil cuando el pueblo escogió que liberaran a Barrabás y no a Él. Seguramente el sentimiento de rechazo fue terrible luego de haberles hecho tanto bien y que ellos ¡prefirieran liberar a un asesino! ¿Dónde estaban los 10 leprosos, la mujer a quien salvó de morir apedreada y tantos otros? Todos tuvieron miedo, pero era parte del plan divino. Satanás deseaba que el corazón de Jesús se llenara de amargura porque de esa forma hubiera pecado, el proyecto de salvación se echaría a perder y no hubiera sido promovido a la derecha del Padre, pero Él no cayó en la tentación. Incluso clavado en la cruz, dijo al Padre: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”. ¡Ese es nuestro líder y debemos imitarlo! Satanás tratará de impedir que crezcas como buen cristiano y buscará que tu corazón se llene de rencor porque alguien te rechazó, pero no lo permitas. Sin importar lo que suceda, pídele fortaleza a Dios para superar el rechazo y el dolor.

No te quejes de los problemas, alaba al Señor y pon tu mirada en Él. Cuando pases tiempos difíciles, piensa con fe: “Este no es mi destino, es sólo el camino y el Señor me ayudará”. Las cosas desagradables suceden aunque seamos buenos, Jesús no había hecho nada malo para merecer un sufrimiento como el que padeció, sin embargo lo soportó porque la promesa era más grande que la dificultad.

No tengo explicación para el proceso que estás viviendo, pero puedo decirte que la actitud correcta es la que te ayudará a obtener buenos resultados. El pesebre, la cueva o el desierto no son nada frente a Sus promesas ya que serás puesto en el lugar que te ha preparado. Confía en la fortaleza que te dará, aprovecha el camino que ha puesto frente a ti y que te llevará a cumplir tu destino.